Mamá se asoma a la habitación de Hugo. «Buenos días, mi amor», susurra.
Hugo se estira, bosteza y le sonríe. La luz del sol entra cálida y dorada. Empieza un nuevo día.
Hugo pelea con los cordones de sus zapatos. Mamá se arrodilla a su lado. «Déjame que te ayude, cariño».
A los ojos de Hugo, sus dedos vuelan como un rayo. Es como si mamá tuviera superpoderes. «¡Gracias, mami!», dice Hugo, radiante.
Jugando en el parque, Hugo se hace un rasguño en la rodilla. «¡Ay!».
Mamá le seca las lágrimas con cuidado. «Ya está, mi valiente», le dice. Hugo sabe que mamá tiene solución para todo. Cuando ella le cuida, todo duele un poco menos.
Por la tarde, mamá cubre las sillas con sábanas. «¡Bienvenido a nuestro castillo secreto!», anuncia.
Hugo entra a gatas, con los ojos muy abiertos. Hay cojines, farolillos y, quién sabe, quizá dragones y tesoros escondidos. Con mamá, cualquier cosa sencilla se convierte en una aventura.
Por la noche, mamá arropa a Hugo, ahueca la almohada y le acaricia el pelo. «¿Qué cuento quieres hoy?».
«Te quiero mucho, mami», susurra Hugo. «Y yo a ti, hasta las estrellas», responde ella.
«Que duermas bien, mi amor». Hugo cierra los ojos, tranquilo y calentito. En sus sueños, mamá lleva una capa brillante y cuida de cada una de sus aventuras.
«Eres mi superhéroe, mami», murmura Hugo. Mamá sonríe: «Y tú haces que cada día sea mágico para mí. Te querré siempre».
Mamá se asoma a la habitación de Hugo. «Buenos días, mi amor», susurra.
Hugo se estira, bosteza y le sonríe. La luz del sol entra cálida y dorada. Empieza un nuevo día.
Hugo pelea con los cordones de sus zapatos. Mamá se arrodilla a su lado. «Déjame que te ayude, cariño».
A los ojos de Hugo, sus dedos vuelan como un rayo. Es como si mamá tuviera superpoderes. «¡Gracias, mami!», dice Hugo, radiante.
Jugando en el parque, Hugo se hace un rasguño en la rodilla. «¡Ay!».
Mamá le seca las lágrimas con cuidado. «Ya está, mi valiente», le dice. Hugo sabe que mamá tiene solución para todo. Cuando ella le cuida, todo duele un poco menos.
Por la tarde, mamá cubre las sillas con sábanas. «¡Bienvenida a nuestro castillo secreto!», anuncia.
Hugo entra a gatas, con los ojos muy abiertos. Hay cojines, farolillos y, quién sabe, quizá dragones y tesoros escondidos. Con mamá, cualquier cosa sencilla se convierte en una aventura.
Por la noche, mamá arropa a Hugo, ahueca la almohada y le acaricia el pelo. «¿Qué cuento quieres hoy?».
«Te quiero mucho, mami», susurra Hugo. «Y yo a ti, hasta las estrellas», responde ella.
«Que duermas bien, mi amor». Hugo cierra los ojos, tranquila y calentita. En sus sueños, mamá lleva una capa brillante y cuida de cada una de sus aventuras.
«Eres mi superhéroe, mami», murmura Hugo. Mamá sonríe: «Y tú haces que cada día sea mágico para mí. Te querré siempre».