Hugo y el tarro de los pensamientos: cuento para relajarse antes de dormir

Hugo sujeta el tarro de los pensamientos mientras entran lucecitas de colores, junto a Pía, la ovejita gris

¿A tu peque le cuesta dormirse porque le da vueltas a todo? A Hugo le pasa lo mismo, hasta que la tercera oveja que cuenta se para en su ventana. Se llama Pía y lleva un tarro vacío para guardar pensamientos. Un cuento para relajarse antes de dormir de Tiny Mango, para niños de 4 a 7 años, con una respiración sencilla que podéis hacer juntos.

Se lee en unos 8 minutos. Si hoy vais con prisa, tienes la versión de 2 minutos al final.

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El protagonista es

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El cuento

Hugo, despierto en la cama, con burbujas de pensamientos flotando sobre su cabeza: una granja, una nube de lluvia y una cera roja

Una cabeza llena

Hugo llevaba un buen rato con los ojos abiertos.

Se dio la vuelta hacia la derecha. Se dio la vuelta hacia la izquierda. La almohada ya estaba caliente por los dos lados.

No es que no tuviera sueño. Es que tenía la cabeza llena. Mañana era la excursión a la granja escuela, ¿y si llovía? Esa tarde se había enfadado con Marcos por la cera roja. Y en la escalera sonaba un ruido raro, toc, toc, que de día no sonaba.

Los pensamientos daban vueltas y más vueltas, como la ropa dentro de la lavadora.

«Papá», llamó Hugo, «no me puedo dormir».

Papá se asomó a la puerta. «Prueba a contar ovejas», le dijo, y le dio un beso en el pelo.

Pía, una ovejita gris con un tarro de cristal colgado del cuello, aparece en la ventana de Hugo

La oveja número tres

Hugo cerró los ojos y empezó a contar.

Una oveja saltó la valla. Dos ovejas saltaron la valla. La tercera oveja corrió, cogió impulso… y en vez de saltar, se paró en el alféizar de la ventana.

Era pequeña, de lana gris y esponjosa, como una nube que todavía no ha decidido si llover. Llevaba colgado del cuello un tarro de cristal vacío.

«¿Me has llamado?», preguntó.

Hugo se sentó en la cama, muy despierto. «Estaba contando ovejas».

«Ya lo sé. Me llamo Pía», dijo la oveja. «Y te voy a contar un secreto: contar ovejas no sirve de nada si la cabeza está llena. Primero hay que hacer sitio».

Pía desenrosca la tapa de un tarro de cristal vacío sobre la colcha mientras Hugo mira con curiosidad

El tarro vacío

Pía bajó de la ventana de un salto suave, plof, sobre la colcha, y desenroscó la tapa del tarro.

«Aquí dentro guardo pensamientos», explicó. «Solo por una noche. Tú me dices uno en voz alta y yo lo guardo».

Hugo miró el tarro. Estaba tan vacío que se veía la luna a través del cristal.

«¿Cualquier pensamiento?».

«Cualquiera. Los que hacen cosquillas, los que pinchan y los que dan un poco de miedo. Empieza por el que haga más ruido».

Lucecitas de colores salen flotando y entran en el tarro que sujeta Hugo, junto a Pía

Pensamientos que brillan

«La excursión de mañana», dijo Hugo. «Tengo muchas ganas, pero ¿y si llueve?».

Al decirlo, una lucecita amarilla salió de su cabeza dando saltitos, como un grillo, y se metió en el tarro: tin.

«Me he enfadado con Marcos por la cera roja». Una luz roja, pequeña y gruñona, salió despacio y se metió en el tarro: tin.

«Y en la escalera hace toc, toc». Una luz morada y temblorosa dudó un momento… y también entró: tin.

Con cada pensamiento que salía, la cabeza de Hugo pesaba un poquito menos. Como una mochila cuando le vas sacando los libros.

El tarro cerrado, con luces de colores dentro, descansa en la estantería entre un dinosaurio de juguete y un cuento de piratas

Una tapa para la noche

«¿Y si se escapan?», preguntó Hugo.

«Para eso está la tapa». Pía la enroscó: clic.

Dentro, las luces se movían despacio, como peces en una pecera. Pía dejó el tarro en la estantería, entre el dinosaurio verde y el cuento de los piratas.

«Esta noche los vigilo yo», dijo. «Mañana, si quieres, los sacas. Ya verás: por la mañana, muchos pensamientos se han hecho pequeños».

Hugo y Pía, tumbados en la cama con las manos sobre la barriga, respiran despacio

Respirar como un globo

«Ahora viene lo mejor», dijo Pía. «Túmbate y pon las manos en la barriga».

Hugo se tumbó. Pía se tumbó a su lado, con las patas sobre su barriga de lana.

«Coge aire por la nariz, despacio, mientras cuento: uno, dos, tres, cuatro. ¿Notas cómo se hincha el globo?».

La barriga de Hugo subió, redonda, como un globo.

«Y ahora suelta el aire por la boca, despacito, como si soplaras una vela sin apagarla».

La barriga bajó.

Lo hicieron tres veces. A la tercera, los brazos de Hugo pesaban como sacos de arena, y la lana de Pía se había vuelto el doble de esponjosa.

Hugo se duerme mientras Pía, enroscada a los pies de la cama, le susurra cosas tranquilas

Cosas tranquilas

Pía se acurrucó a los pies de la cama. Su lana estaba calentita, como un jersey recién sacado de la secadora.

«Te voy a decir cosas tranquilas», susurró. «La nieve cayendo sin hacer ruido. El pan dentro del horno. El mar cuando está quieto. Un gato dormido al sol».

Hugo intentó pensar en todas, pero solo llegó hasta el gato.

Sus ojos se cerraron. Primero uno. Luego el otro.

«Buenas noches, Hugo», dijo Pía, bajito. «Ahora sí que hay sitio para los sueños».

Por la mañana, Hugo abre el tarro y una lucecita amarilla sale de un salto

Por la mañana

Cuando Hugo se despertó, el sol entraba por la ventana y Pía ya no estaba. Pero el tarro seguía en la estantería, y las luces de dentro eran tan pequeñas que casi no se veían.

Hugo desenroscó la tapa. La luz amarilla salió de un salto, contenta: ¡no llovía! La luz morada se había apagado del todo: el toc, toc de la escalera era el vecino, que madrugaba para sacar al perro. Y la luz roja era ya tan pequeñita que Hugo decidió llevarle a Marcos su cera roja, para pintar juntos en el autobús.

Desde entonces, el tarro vive en la estantería. Vacío casi siempre. Esperando, por si alguna noche la cabeza de Hugo se vuelve a llenar.

Fin.

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¿Poco tiempo? La versión de 2 minutos

El mismo cuento, resumido para las noches con prisa.

Hugo no se podía dormir: tenía la cabeza llena. Mañana era la excursión a la granja escuela, ¿y si llovía? Se había enfadado con Marcos por la cera roja. Y en la escalera sonaba un toc, toc muy raro.

Papá le dijo que contara ovejas. Pero la tercera oveja, en vez de saltar la valla, se paró en su ventana. Se llamaba Pía, era de lana gris y llevaba un tarro vacío colgado del cuello. «Contar ovejas no sirve si la cabeza está llena», le dijo. «Primero hay que hacer sitio».

Hugo dijo sus pensamientos en voz alta y cada uno salió como una lucecita: amarilla la excursión, roja el enfado, morada el ruido. Pía los guardó en el tarro, cerró la tapa y lo dejó en la estantería. Luego respiraron juntos como un globo: aire dentro contando hasta cuatro, y aire fuera, despacito. Pía le susurró cosas tranquilas y Hugo se durmió antes de llegar a la última.

Por la mañana, los pensamientos se habían hecho pequeños. No llovía, el toc, toc era el vecino, y Hugo le llevó a Marcos su cera roja.

Fin.

Para hablar después del cuento

  • ¿Por qué no se podía dormir Hugo?
  • ¿Qué guardó Pía en el tarro?
  • ¿De qué color era el pensamiento del enfado? ¿Y el del ruido de la escalera?
  • ¿Qué pensamiento meterías tú hoy en el tarro?
  • ¿Cuál es tu cosa tranquila favorita para pensar antes de dormir?
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Cómo leerlo en voz alta

  • Escribe el nombre de tu peque en el recuadro de arriba y el cuento será suyo.
  • En «Pensamientos que brillan», haz una pausa en cada tin y deja que tu peque diga un pensamiento suyo.
  • En «Respirar como un globo», haced la respiración de verdad: manos en la barriga, aire dentro contando hasta cuatro y fuera muy despacito.
  • Al final, baja la voz con las cosas tranquilas y deja que la última frase se quede en silencio.

Ficha del cuento para familias y docentes

Hugo tiene la cabeza llena de pensamientos y no se puede dormir. Pía, una oveja de lana gris que aparece cuando cuenta ovejas, le enseña a decirlos en voz alta, a guardarlos en un tarro hasta la mañana y a respirar como un globo. Un cuento para relajarse antes de dormir que, además, enseña dos recursos que los niños pueden usar solos.

Qué trabaja

  • Poner en palabras lo que preocupa: decirlo en voz alta ya lo hace más pequeño.
  • Separar la noche del día: lo que preocupa se guarda y se mira por la mañana.
  • Respiración abdominal sencilla, con cuatro tiempos para coger aire y una salida lenta.
  • Hacer las paces después de un enfado.

Actividad para después

Haced vuestro propio tarro de los pensamientos con un bote de cristal y papelitos de colores. Antes de dormir, tu peque dibuja o te dicta lo que le ronda la cabeza, lo mete en el tarro y cerráis la tapa. Por la mañana, abridlo juntos: muchas veces el papel ya no importa.

Preguntas frecuentes

¿Para qué edad es este cuento?

Está pensado para niños de 4 a 7 años, la edad en la que empiezan las preocupaciones de verdad: el cole, los amigos, los ruidos de la noche. Con 3 años puedes leer la versión de 2 minutos.

¿Sirve el truco del tarro de los pensamientos?

Es un recurso muy usado con niños para poner nombre a lo que les preocupa y dejarlo aparcado hasta el día siguiente. No hace magia, pero decirlo en voz alta y cerrar la tapa les da una sensación de control que ayuda a soltar.

¿Cómo se hace la respiración del globo?

Manos en la barriga, coger aire por la nariz contando hasta cuatro para que la barriga se hinche, y soltarlo despacio por la boca, como si soplaras una vela sin apagarla. Con tres o cuatro veces es suficiente.

¿Cuánto dura el cuento?

Unos 8 minutos leído con calma y haciendo la respiración. Si vais con prisa, al final tienes la versión de 2 minutos.

¿Puedo poner el nombre de mi hijo o de mi hija?

Sí. Escribe su nombre en el recuadro de personalización y elige si es niño o niña: el cuento cambia al momento. Si quieres un libro impreso con tu peque de protagonista, en Tiny Mango lo creamos a partir de una foto.
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