Pero nadie lo escuchó. De pronto, una ráfaga de viento levantó una nube de nieve y Nico perdió de vista el trineo. Cuando la nieve volvió a caer, estaba solo entre los árboles.
Intentó regresar por donde había venido, pero todos los caminos le parecían iguales. Voló hacia una colina, después hacia un valle y finalmente aterrizó junto a un arroyo helado. Estaba perdido.
«¿Y si nunca encuentro el camino de vuelta?», se preguntó con las orejas caídas.
Entonces escuchó un pequeño ruido. Debajo de un arbusto había un pajarillo que temblaba de frío.
«¿Qué te ocurre?», preguntó Nico.
«El viento ha derribado mi nido. No puedo llegar hasta la rama donde estaba mi familia», respondió el pajarillo.
Nico miró hacia arriba. El nido estaba en una rama baja, pero el pajarillo no podía alcanzarla. El reno se acercó al árbol, apartó con cuidado las ramas cubiertas de nieve y dejó que el pajarillo subiera por su lomo. Desde allí, el pequeño saltó hasta una rama segura.
«¡Gracias! ¿Puedo ayudarte en algo?», preguntó el pajarillo.
«Estoy buscando el camino de vuelta al Polo Norte».
El pajarillo agitó las alas. «Conozco a alguien que puede ayudarte. ¡Sígueme!»