La Navidad de los animales del bosque

Los animales y la familia de topos celebran juntos la Navidad bajo el gran abeto decorado

¿Buscas un cuento de Navidad de animales para leer en familia? Cada diciembre, la ardilla, el conejo, el zorro, el erizo y los ratoncitos celebran la Navidad bajo el gran abeto del claro. Este año discuten tanto por los adornos que cada uno se marcha por su lado, hasta que una familia de topos sin hogar les recuerda lo que de verdad importa.

Un cuento sobre la amistad y la generosidad de Tiny Mango, para niños de 3 a 7 años. Se lee en unos 5 minutos.

En este cuento

El cuento

Una ardilla, un conejo, un zorro y un erizo discuten frente al gran abeto nevado mientras los ratoncitos se esconden

El gran abeto del claro

En un bosque cubierto de nieve vivían una ardilla, un conejo, un zorro, un erizo y una familia de ratoncitos. Cada año, cuando llegaba diciembre, se reunían para celebrar la Navidad bajo el gran abeto del claro.

Era el árbol más bonito del bosque. Sus ramas eran enormes y, cuando la nieve se posaba sobre ellas, parecía un gigantesco pastel de azúcar.

Pero aquel año nadie se ponía de acuerdo.

«¡Yo quiero decorar el árbol con bellotas!», dijo la ardilla.

«¡Pues yo quiero llenarlo de zanahorias!», protestó el conejo.

«Las zanahorias no son adornos. Necesitamos cintas rojas y doradas», respondió el zorro.

«Siempre queréis hacer las cosas a vuestra manera. Yo prefiero que el árbol se quede como está», resopló el erizo.

Todos comenzaron a hablar al mismo tiempo. La ardilla saltaba de una rama a otra, el conejo golpeaba el suelo con las patas y el zorro movía la cola de un lado a otro. Los ratoncitos, que eran muy pequeños, se escondieron detrás de una piedra.

Al final, cada animal se marchó por su lado. La ardilla decoró su madriguera con bellotas, el conejo preparó una montaña de zanahorias, el zorro recogió cintas de colores y el erizo se metió en su refugio. Aquel año, parecía que no habría celebración.

La familia de topos

En una cueva cercana vivía una pequeña familia de topos. Su hogar se había inundado después de varios días de lluvia y habían pasado las últimas noches buscando un lugar seco donde dormir. Cuando empezó a nevar, los pequeños se acurrucaron junto a su madre.

«¿Crees que algún día tendremos una Navidad bonita?», preguntó el topo más pequeño.

«Claro que sí. Lo importante es que estemos juntos», respondió su madre, abrazándolo.

El pequeño topo miró por la entrada de la cueva. En el bosque, otras familias tenían árboles decorados, comida y lugares calentitos donde reunirse. Él solo quería celebrar la Navidad con sus hermanos en un sitio donde no hiciera frío.

Una cesta de piñones

Al día siguiente, la ardilla salió a buscar piñones y escuchó unos pequeños estornudos. Se acercó a la cueva y encontró a los topos temblando.

«¿Qué os pasa?», preguntó.

La madre topo le explicó lo ocurrido. La ardilla sintió una punzada en el corazón. Tenía una madriguera cálida, una despensa llena de comida y adornos suficientes para decorar muchos árboles. Los topos, en cambio, apenas tenían nada.

Regresó a casa, llenó una cesta de piñones y bellotas y volvió a la cueva.

«Tomad. No es mucho, pero espero que os ayude».

Los topos sonrieron y le dieron las gracias. La ardilla se marchó contenta, pero mientras caminaba por el bosque tuvo una idea: ¿y si los demás animales también podían ayudar?

Llamando a cada puerta

Primero visitó al conejo.

«Los topos necesitan comida y un lugar calentito donde pasar la Navidad. ¿Nos ayudas?»

El conejo miró su montaña de zanahorias y después a la ardilla.

«¡Claro que sí! Puedo compartir algunas».

Después fueron a buscar al zorro.

«Tengo unas mantas viejas que ya no utilizo», dijo el zorro. «Seguro que les servirán».

Por último, llamaron a la puerta del erizo. Al principio, este se cruzó de brazos.

«Ya os dije que no quería participar en vuestra celebración».

«No venimos a hablar del árbol», explicó la ardilla. «Venimos a ayudar a una familia que lo necesita».

El erizo se quedó callado. Miró su pequeña casa, donde guardaba hojas secas, ramas y un montón de musgo suave.

«Podemos construirles un refugio», dijo al fin. «Entre todos lo terminaremos antes de que anochezca».

Los animales del bosque construyen un refugio de ramas y musgo para la familia de topos

Un refugio antes de anochecer

Y así lo hicieron. El conejo transportó ramas, el zorro colocó las mantas, la ardilla llevó comida y el erizo preparó camas de hojas. Los ratoncitos decoraron la entrada con pequeñas flores secas que habían guardado del verano.

Cuando llegó la noche, la familia de topos tenía un hogar nuevo. Era pequeño, pero estaba seco y calentito. Los topos abrazaron a los animales.

«¡Esta es la Navidad más bonita que hemos tenido nunca!»

Los animales y la familia de topos celebran juntos la Navidad bajo el gran abeto decorado

Un árbol con algo de cada uno

Los demás se miraron. El conejo recordó el gran abeto del claro.

«¿Y si celebramos la Navidad todos juntos?»

La ardilla dio un salto.

«¡Sí! Pero esta vez compartiremos las ideas».

Regresaron al árbol y comenzaron a decorarlo. Colgaron bellotas, zanahorias pequeñas, cintas rojas, piñas y adornos de hojas. El erizo colocó una estrella hecha de ramitas en la punta del abeto, y los ratoncitos tejieron una guirnalda de hierba seca que recorrió todas las ramas.

Cuando terminaron, el árbol parecía haber salido de un sueño. Pero lo más bonito no eran los adornos: era que cada uno había aportado algo diferente.

Aquella noche compartieron la comida bajo el gran abeto. Hubo piñones, zanahorias, bayas, semillas y pequeñas tartas preparadas por la familia de topos. Rieron, cantaron y contaron historias hasta que la Luna apareció entre las ramas.

Un sitio libre bajo las ramas

Antes de regresar a sus casas, la ardilla miró a sus amigos.

«Al principio pensaba que la Navidad consistía en tener el árbol más bonito del bosque».

«¿Y ahora?», preguntó el conejo.

«Ahora creo que consiste en conseguir que nadie tenga que pasarla solo», respondió la ardilla.

Desde entonces, cada año los animales decoraron juntos el gran abeto y dejaron siempre un sitio libre bajo sus ramas, por si llegaba alguien nuevo que necesitara compañía.

Habían aprendido que la Navidad no se vuelve más bonita cuando tienes más cosas, sino cuando tienes a alguien con quien compartirlas.

Cuento escrito por

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Para hablar después del cuento

  • ¿Por qué discutían los animales al principio?
  • ¿Qué le había pasado a la familia de topos?
  • ¿Qué aportó cada animal para construir el refugio?
  • ¿Cómo decoraron el gran abeto al final?
  • ¿Con quién te gustaría compartir algo esta Navidad?
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Cómo leerlo en voz alta

  • Pon una voz distinta a cada animal: la ardilla, rápida; el conejo, saltarín; el zorro, presumido; el erizo, gruñón.
  • Cuando discuten todos a la vez, leed las frases muy deprisa y luego haced un silencio, como los ratoncitos detrás de la piedra.
  • En «Un árbol con algo de cada uno», pide a tu peque que diga qué adorno colgaría en el gran abeto.

Ficha del cuento para familias y docentes

En un bosque nevado, una ardilla, un conejo, un zorro, un erizo y una familia de ratoncitos no se ponen de acuerdo para decorar el gran abeto, y cada uno se marcha por su lado. Cuando la ardilla descubre a una familia de topos que se ha quedado sin casa, convence a los demás para ayudar. Un cuento de Navidad de animales sobre compartir y sobre lo que se consigue entre todos.

Moraleja

Compartir lo que tenemos y ayudar a quien lo necesita puede convertir una Navidad sencilla en una celebración inolvidable.

Qué trabaja

  • Compartir lo que tenemos con quien lo necesita.
  • Resolver los desacuerdos escuchando las ideas de los demás.
  • Trabajo en equipo: cada uno aporta algo distinto.
  • Empatía: darse cuenta de cómo están los demás.

Actividad para después

Decorad una rama o un rincón de casa con un adorno elegido por cada miembro de la familia, como hicieron los animales con el gran abeto. Después, elegid juntos algo que podáis compartir esta Navidad: un juguete, comida para un banco de alimentos o una tarde con alguien que está solo.

Preguntas frecuentes

¿Para qué edad es este cuento?

Para niños de 3 a 7 años. Los animales son perfectos para los más pequeños, que se ríen con las discusiones sobre bellotas y zanahorias; los mayores entienden mejor la historia de los topos y el mensaje de compartir.

¿Qué enseña este cuento de Navidad de animales?

Que la Navidad es más bonita cuando nadie la pasa solo. Los animales empiezan discutiendo por los adornos y terminan construyendo un refugio para los topos y decorando juntos el árbol, cada uno con lo que sabe hacer.

¿Cuánto se tarda en leer?

Unos 5 minutos leyendo con calma. Si queréis alargarlo, haced una pausa con cada animal para que tu peque adivine qué va a aportar al refugio antes de leerlo en voz alta.

¿Hay un libro con mi peque de protagonista?

Sí. En Tiny Mango creamos cuentos personalizados en los que tu peque es el protagonista, con su nombre y un personaje en 3D creado a partir de su foto. Son un regalo de Navidad con sentido, que se lee y se relee durante años.
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