Volvieron despacito, despacito. En la ventana, Lumi volvió a rozarle la nariz a Nico y, con un cosquilleo dorado, Nico recuperó su tamaño de siempre, calentito en la cama. Abajo, en la hierba, la mamá de Lumi la esperaba con los brazos abiertos. -¿Ya habéis terminado de cuidar del bosque? -preguntó. -Ahora lo vigilan las estrellas -respondió Lumi-. Y Bruno, y Rita, y la luna. Nico se arrebujó bajo la manta. El armario y las cortinas ya no parecían tan misteriosos; ahora miraba la franja plateada de luz de luna en el suelo. -Buenas noches, Lumi -susurró. -Buenas noches, Nico. La luz de Lumi se hizo cada vez más pequeña al otro lado del cristal: amarilla, naranja, un puntito… y se apagó. Nico cerró los ojos con calma. Ahora sabía que la noche también está cuidada. Y si alguna vez te cuesta dormir, mira por la ventana: quizá haya una estrella brillando solo para ti.
Volvieron despacito, despacito. En la ventana, Lumi volvió a rozarle la nariz a Nico y, con un cosquilleo dorado, Nico recuperó su tamaño de siempre, calentita en la cama. Abajo, en la hierba, la mamá de Lumi la esperaba con los brazos abiertos. -¿Ya habéis terminado de cuidar del bosque? -preguntó. -Ahora lo vigilan las estrellas -respondió Lumi-. Y Bruno, y Rita, y la luna. Nico se arrebujó bajo la manta. El armario y las cortinas ya no parecían tan misteriosos; ahora miraba la franja plateada de luz de luna en el suelo. -Buenas noches, Lumi -susurró. -Buenas noches, Nico. La luz de Lumi se hizo cada vez más pequeña al otro lado del cristal: amarilla, naranja, un puntito… y se apagó. Nico cerró los ojos con calma. Ahora sabía que la noche también está cuidada. Y si alguna vez te cuesta dormir, mira por la ventana: quizá haya una estrella brillando solo para ti.